El carro
ha sido el medio de transporte terrestre más antiguo de la historia. La mayoría
de historiadores coinciden en situar sus orígenes en Mesopotamia entre el 3.500
y el 4.000 a .C. De allí se extendió al mundo entero llegando a compartir las vías publicas con
los camiones en los primeros años del siglo XX.
En las civilizaciones más antiguas el vehículo
más frecuente era sin duda el carro asociado a escenarios de guerra; fue el que
más evolucionó. Era un objeto de prestigio para su dueño además de objeto para
la guerra o quizá por ser un objeto de guerra era un objeto de prestigio. El
guerrero montado en su carro era superior y con más posibilidades de vencer que
el guerrero infante. El carro daba prestigio a la clase dirigente de la época.
Como
muestra del estatus social de su dueño, el carro era utilizado, en algunas regiones, como
parte del ajuar funerario y, muy posiblemente,
su cadáver era transportado hasta la tumba en uno de estos carros; así,
el difunto podría seguir disfrutando, en el más allá, del mismo estatus social que
tuvo en este mundo.
Algunos historiadores sitúan la
aparición de los primeros carros en la península Ibérica entre los siglos XI y VIII a.C.
Los
primitivos carros usaban ruedas macizas, unidas a ejes fijos; eran tripartitas,
es decir construidas a partir de tres tablas unidas entre sí por tablones remachados:
las llantas pudieron ser de cuero fijado con numerosos remaches de cobre o
bronce.
La combinación de ruedas sin radios y ejes fijos los convertía en vehículos lentos y poco maniobrables. Con el paso del tiempo fueron evolucionando y empezaron a surgir carros más ligeros y con más facilidad para los giros, basando su construcción en una tecnología de la madera totalmente diferente a la de los primitivos carros. En primer lugar se escogían con mucho cuidado tipos diferentes de madera, seleccionadas por sus propiedades mecánicas de resistencia, peso, flexibilidad y dureza. Se empezaron a construir con timón de madera de olmo; la rueda, de roble u olmo; los ejes y radios, de roble; las pinas y la estructura de la caja, de fresno; el cubo del eje, de olmo.
La combinación de ruedas sin radios y ejes fijos los convertía en vehículos lentos y poco maniobrables. Con el paso del tiempo fueron evolucionando y empezaron a surgir carros más ligeros y con más facilidad para los giros, basando su construcción en una tecnología de la madera totalmente diferente a la de los primitivos carros. En primer lugar se escogían con mucho cuidado tipos diferentes de madera, seleccionadas por sus propiedades mecánicas de resistencia, peso, flexibilidad y dureza. Se empezaron a construir con timón de madera de olmo; la rueda, de roble u olmo; los ejes y radios, de roble; las pinas y la estructura de la caja, de fresno; el cubo del eje, de olmo.
La elección de las diferentes
maderas respondía a una larga experiencia práctica; el olmo, por ejemplo, era la madera más utilizada especialmente
por su resistencia a rajarse o partirse. En algunas regiones no se encontraba
este tipo de madera por lo que la construcción de estos vehículos resultaba muy
cara.
Sus
constructores, al principio, evitaban cualquier elemento metálico como clavos y
remaches que atravesaran la madera porque
podrían rajar las piezas al ser sometidas a velocidades altas o
maniobras bruscas sobre terrenos no pavimentados, irregulares y llenos de
obstáculos. Para la unión de los diferentes elementos empleaban corteza de
abedul y cuero húmedos que se contraían al secarse; también usaban colas
naturales.
La innovación esencial de los
nuevos carros fue la construcción de ruedas con radios, mucho más livianas y a
la vez mucho más resistentes. Al principio, se construían con sólo cuatro
radios, después pasaron a seis y a principios del primer milenio, hasta ocho y
doce, aunque algunas regiones se mantuvieron siempre fieles a las ruedas
ligeras de cuatro. Su gran diámetro, alrededor de un metro, y el estar unidas a
un eje muy retrasado y ancho, de hasta 2,5 metros ,
proporcionaba gran estabilidad al vehículo.
En la pina
se encajaban los rayos o radios de la rueda por la parte interior y por
la exterior se fijaba la llanta de
hierro. Esta pieza tenía una compleja estructura;
estaba hecha con varias piezas (cerchas) de
madera doblada y encoladas a bisel. También se llegaron a construir pinas con una sola madera, doblada mediante
calor hasta un círculo completo. Las uniones de las piezas se aseguraban con
cuero. A veces la pina era doble y estaba formada por una interior con piezas
unidas a bisel y otra exterior en cuartos de círculo, probablemente cubiertas
de cuero.
La posición del eje del carro tenía gran importancia; un eje ubicado bajo la parte central de la caja era más práctico para transportar carga o personas sentadas. Así suponía un menor peso en vertical para los animales de tiro cuando arrastraban en subidas o bajadas; en esta posición se causa menos tensión sobre el yugo que si el eje estuviera en la parte trasera del vehículo. Este es el motivo de que la gran mayoría de carros de carga de dos ruedas tengan el eje bajo el centro de la caja del carro.
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