lunes, 11 de enero de 2016

AQUELLAS AUTOESCUELAS DEL SIGLO PASADO (VI)

Así se publicitaban aquellas autoescuelas en la década de los años treinta del siglo pasado…

-     La compra de un  automóvil durante la Gran Depresión.

Como es bien conocido, en Octubre de 1929 tuvo lugar una catastrófica caída de los valores negociados en la bolsa de Nueva York. La reducción del consumo y de la inversión generó una espiral deflacionista acompañada de un descenso imparable de la producción industrial, del comercio exterior, de la renta y del empleo.

Los años treinta del siglo pasado vieron cómo la economía mundial se sumía en una Gran Depresión que se prolongó durante diez años. Aquello repercutió en todos los países industrializados de Europa. España no fue una excepción y también  sufrió de alguna manera aquella crisis, aunque con menor intensidad que  otras  economías europeas más desarrolladas. España estaba más atrasada económicamente y su economía dependía más  de un sector agrario, orientado al mercado interior,  y menos del sector industrial y del  comercio internacional. Por eso, la recesión de los años treinta fue mucho menos virulenta que en Francia y Alemania; no obstante también tuvo sus consecuencias.


Aquella crisis económica  interrumpe la carrera imparable del automóvil que se había iniciado en los años precedentes. En Estados Unidos, la fabricación de automóviles había sido elevadísima y se había llegado  a tal número de vehículos almacenados que muchos automóviles nuevos, según cuentan, fueron desguazados. 


En un informe sobre la industria automovilista presentado en 1931 en la Universidad de Columbia se dijo que en siete años se habían fabricado en el mundo 35.600.000 automóviles, de los cuales cuatro millones fueron  fabricados por la industria europea. En algunos momentos se registraba una producción de 20.000 automóviles por día.

Pero aquella crisis hace que la industria mundial del automóvil pase, en cuestión de dos años, de un progreso que parecía no acabar a un retroceso alarmante. La producción de automóviles en Alemania, por ejemplo, durante el primer semestre de 1932 fue de 22.116 vehículos, lo que supuso una disminución del  40% en comparación al semestre correspondiente del año anterior.

El precio de los automóviles bajó de manera ostensible. Estas eran las rebajas de la firma Renault en sus vehículos industriales en 1931.


Pero la relación que existía entre los salarios de los obreros y el  precio de los coches era desorbitada. En EEUU se necesitaban 60 jornadas de trabajo de un obrero para adquirir un automóvil; en Francia entre 300 y 400 para comprar el mismo vehículo; en España, en 1932, para comprar este “Ford” de 2 puertas,  un albañil necesitaba entre 549 y 824 jornales, dependiendo de la ciudad donde ejerciera su oficio.


Aquí vemos los precios  que ofrecía la firma Ford con su nuevo modelo de 8 HP en 1934 y 1935


Aunque con el paso de los años, el descenso de los precios de algunos automóviles fue evidente, en España sin embargo, éstos, en la década de los treinta, seguían siendo objetos de lujo sólo al alcance de unos pocos bolsillos privilegiados.



-     La publicidad de las “escuelas de chofers”

A las Escuelas de Chofers de la época, tan ligadas siempre a la compra de automóviles, también les llega la crisis, aunque con un poco más de retraso que a las fábricas de automóviles. Sus anuncios publicitarios seguían en la misma línea de los años anteriores, pero pronto empezarían a poner énfasis en los precios.


En los primeros años de la década de los treinta, las “escuelas de chofers” empezaron a notar una merma de alumnos en sus centros y quizá se preguntaron que si los fabricantes de automóviles hacían sustanciosas rebajas, ¿por qué no podían hacer ellos lo mismo? 

Pronto pusieron manos a la obra para ver de conseguir más alumnos para sus centros. Hoy catalogarían a muchas de aquellas como autoescuelas “low cost”. La perniciosa solución de “reventar” precios no es de ahora, es del siglo pasado. Trabajar por debajo de los costes de producción siempre fue y siempre será ruinoso para las autoescuelas, para fabricantes de automóviles (salvando las diferencias) y para cualquier empresa que pretenda mantenerse viva en el tiempo. Muchos fabricantes de automóviles de esta década dejaron de existir en la siguiente. Lo mismo sucedió con algunas autoescuelas.


Algún titular decide traspasar su autoescuela, cuando todavía parecía rentable  e inserta en la prensa este curioso anuncio.


A pesar de caer los precios, o quizá como consecuencia de ello, algunas de aquellas Escuelas de Chofers publican anuncios más grandes y, en consecuencia y paradójicamente, más costosos. En ellos aparece, por vez primera, algún dibujo figurativo de la actividad y los textos son más extensos y dan más  explicaciones de sus servicios.




En los primeros años de la década que nos ocupa, el sector más numeroso de trabajadores era el del campo. En 1930, el jornal medio de un asalariado agrícola era de 2.80 pesetas y trabajaba alrededor de 250 jornadas al año. En casos excepcionales, como era la siega y la recolección de la aceituna, se llegaba a pagar hasta 5.50 pesetas de jornal, que era de sol a sol. Ni siquiera el permiso de conducir estaba al alcance para estos y otros muchos jornaleros españoles. 

El permiso de conducir empezaba a ser asequible para obreros asalariados que trabajaban en la ciudad y sus jornales eran más elevados.


La autoescuela NAVARRO, que fue de las más antiguas de la Ciudad Condal, cerró sus puertas definitivamente en los inicios de 1984.

Muchas autoescuelas de aquella época estaban asociadas a gestorías.


Una de las primeras que empezó a utilizar el término AUTO-ESCUELA fue la “Norteamericana”  de Barcelona. En su publicidad decía aplicar las tarifas más económicas y ventajosas. Fuera por eso o por otros motivos, en Febrero de 1936 cerró dejando “colgados” a un buen número alumnos. No era la primera ni sería la última en acabar así.

La ACADEMIA AMERICANA fue una de las más antiguas que funcionaron en Barcelona y su actividad se prolongó hasta la década de los sesenta.



La “ESCUELA DE CHOFERS BARCELONA”, con motivo del cierre de la susodicha escuela “NORTEAMERICA”,  inserta el siguiente anuncio en el mes de febrero de 1936. Esta autoescuela, una de las más antiguas de la ciudad de Barcelona, sigue con su actividad en la segunda década del siglo XXI.



Casi coincidiendo en el tiempo con la aparición del nuevo “Código de la Circulación” aparecen estas autoescuelas en la prensa de Madrid.



En los meses precedentes al estallido de la guerra civil española disminuye considerablemente la publicidad de las autoescuelas.



Algunas, durante la guerra civil, siguieron  insertando publicad en los pocos periódicos que se editaban.










domingo, 3 de enero de 2016

¿POR QUÉ Y CÓMO OCURRIÓ EL ACCIDENTE?

Es bien sabido que nos consideramos mejores  conductores que el vecino; desde que nos examinamos para el permiso de conducir, subjetivamos los resultados de nuestras acciones a los mandos de un automóvil empezando por aquel día  que no aprobamos el examen y dijimos; me han suspendido. Yo no he suspendido, han sido ellos los que me han suspendido.  Pero  el día que fuimos brillantes en la prueba y la superamos dijimos: he aprobado. Yo soy el artífice de mi éxito y ellos los culpables de mi fracaso. No es frecuente que asumamos nuestra culpa de la misma manera que asumimos nuestros éxitos.



En el caso de los incidentes o accidentes de tráfico nos ocurre  lo mismo; si no a todos los conductores, sí a una gran mayoría.

Estamos acostumbrados a escuchar  expresiones  como las siguientes: el coche me hizo un extraño;  el coche se me fue en la curva; el coche no me frenó, etc, etc.

Los profesores de formación vial saben que el automóvil es una máquina sumamente “obediente” en sus reacciones cuando  el conductor actúa de la manera correcta. Otra cosa es lo que cuente su conductor para justificar sus posibles errores como conductor.

La revista “The Autocar”, allá por el año 1932 publicó una serie de relatos breves recopilados entre sus lectores de los que se pueden extraer  muchas enseñanzas. De aquellos relatos se hizo eco una  revista quincenal de Córdoba.

He aquí algunos de aquellos relatos:

·       Pasaba yo por una curva en forma de “S” en medio de una densa niebla. Una mosca se me metió en el ojo y atropellé un banco de hierro, que estaba al costado del camino.

·       Corría de Belford a Londres, tocando la vocina vigorosamente y haciendo señales con la mano, pero me atropelló uno que venias detrás.

·       El accidente se debió a que el otro conductor estuvo a punto de chocar conmigo.

·       Una vaca se me echó encima del coche. Después supe que era ciega.

·       Una avispa se introdujo dentro de mi auto, y mientras me defendía contra el insecto, caí en una zanja.

·       El hombre avanzaba a una velocidad terrible. Atropelló una carretilla, una motocicleta y por fin mi coche. Fue internado después en un manicomio.

·       Choqué dos veces contra el coche que iba delante, y el conductor me dijo que haría señas la próxima vez que se parara. Cumplió su promesa, pero fue inútil, porque otro coche, que iba detrás, chocó contra el mío.

·       Mi esposa y yo, empujábamos el coche de regreso a casa, pero al llegar a una pendiente se nos escapó. Fue detenido por un poste de los que indican “Peligro”.
·       Tiré una moneda de un penique a un grupo de muchachos, y mientras me daba vuelta para ver si alguno de ellos lo recogía, caí en una zanja.

·       Marchaba por la carretera a una velocidad moderada, y de repente me alcanzó un coche que salía del camino transversal, arrojándome con mi automóvil dentro de una zanja. La culpa era del otro, pero, antes de alejarse, me insultó.

·       Ella me vio súbitamente, perdimos la cabeza y chocamos.

·       Nos encontramos en un cruce de caminos, y mi coche quedó debajo del suyo.

 El ardor que ponen algunos por exculparse da lugar a relatos increíbles. Son muchos los que pierde la objetividad a la hora de describir el accidente o el incidente. Hay otros a los que les cuesta comprender lo que llegó a ocurrir. No estamos hablando de accidentes graves, sino más bien de incidentes o accidentes leves.





domingo, 13 de diciembre de 2015

LAS AUTOESCUELAS PROTESTAN UNA VEZ MÁS

y siempre con razón.







En esta ocasión, fue en Valencia hace 30 años


Y en esta otra, también en Valencia, pero  hace pocos días.



Las autoescuelas valencianas protagonizan una protesta ante Jefatura de Tráfico que posteriormente se ha convertido en manifestación colapsando la circulación.


La manifestación, en la que han participado múltiples vehículos, se ha centrado en la calle Mora de Rubielos, aunque ha afectando también la circulación de la avenida Giorgeta y calles colindantes durante más de hora y media. Ha sido promovida por el movimiento “Más Examinadores Ya”. Los integrantes de este movimiento dicen estar aún más indignado tras la reciente publicación en el BOE por la que se convoca concurso para la previsión de puestos de trabajo en el Organismo Autónomo Jefatura Central de Tráfico. Sólo se le asigna a Valencia una nueva plaza de examinador; es decir, sólo se ampliará la plantilla de examinadores actuales en una persona más.

Por ello, integrantes del el movimiento “Más Examinadores Ya” explican que no les queda otro camino que no sea el de hacerse oír.

"Hemos de insistir cada viernes ante la puerta de la Jefatura Provincial de Tráfico para que la Administración tome conciencia de la grave situación que estamos soportando autoescuelas y alumnos y aplique de una vez por todas soluciones con rigor, coherencia y sensatez; que sea valiente y tome las decisiones que sean necesarias para arreglar estos hechos, pues no es algo nuevo sino que esta dramática situación la venimos denunciando desde hace más de un año".

Paralelamente, el movimiento “Más Examinadores Ya”, inició hace una semana la recogida de firmas por parte de los profesionales del sector y hasta la fecha ya han presentado y registrado más de 5.000, solicitando a la Administración un rescate del sector en forma de aumento de la capacidad de examen de la Jefatura.

La historia, una vez más,  se repite.




martes, 8 de diciembre de 2015

UN INTERESANTE CONCURSO…

destinado a "chofers" noveles y escuelas de "chofers".


En 1932 llegaba a España la noticia que el  A. C. de Alemania estaba preparando una interesante prueba para automovilistas debutantes y para escuelas de "chofers". Sería una un concurso de nuevo género en el mundo del automóvil; la idea había sido sugerida por un el ingeniero alemán. Alemania siempre fue defensora e impulsora del automovilismo. 



Según las crónicas, la prueba o concurso estaba reservada para aquellos nuevos automovilistas que acababan de obtener su titulo; sólo se admitirían a los que hubieran pasado con éxito el examen dentro de los tres meses que precedan a la fecha de celebración del susodicho concurso.

La prueba o concurso se llevaría a cabo en tres fases:

Primera: circulación en terreno variado.

Segunda: arreglo de averías (pannes decían los esnobistas).

Tercera: prueba de habilidad a los mandos del vehículo.

La prueba sobre terreno variado tendría por objeto el comportamiento de cada concursantes conduciendo sobre terrenos de diferente naturaleza: arenosos, rampas y pendientes pronunciadas, suelo con poca adherencia por barro, agua, etc.

La prueba sobre arreglo de averías se llevaría a cabo de la siguiente manera: los coches serán dispuestos en estrella con los radiadores al exterior. Los comisarios provocarán una avería (panne) idéntica en todos los coches sin estropear ningún mecanismo del coche. El concursante que logre arrancar primero será clasificado primero y así los demás.

No sólo habría premio para los concursantes, sino también para las escuelas que les enseñaron.

 Las pruebas también estarían relacionada con la circulación urbana: cruces, adelantamientos, estacionamientos, etc, etc.

También se exigiría  una serie de manipulaciones, que según los organizadores, eran descuidadas en la enseñanza de algunas escuelas de "chofers": la verificación de la presión de los neumáticos, el estado de las  “gomas”, el control de la densidad  del ácido, el control de voltaje de lo acumuladores, etc.

La organización del concurso, muy interesante para chofers debutantes y para las escuelas que se dedicaban a la preparación y enseñanza de los mismos, la llevaría a cabo el A. C. de Alemania.
Buena idea para promocionar la escuela de chofers alemana. A ver si alguien la copia en España.

viernes, 27 de noviembre de 2015

UN EXAMINADOR ILUSTRE

…se llamaba Fernando Reyes Garrido, era  andaluz y nacido en 1877; llevó a cabo cosas importantes en Barcelona.




La competencia en materia de exámenes para conductores de automóviles correspondió desde sus inicios (1900) al Ministerio de Industria. Era un ingeniero de este Ministerio quien tenía la competencia para examinar al aspirante a conductor. De ahí que, cuando funcionarios de las Jefaturas Provinciales de Tráfico empezaron a realizar estos exámenes en 1967, la gente siguió llamando ingenieros a los funcionarios de la Dirección General de Tráfico que examinaban.

 En Barcelona vivió un ingeniero industrial andaluz, granadino por más señas, llamado Fernando Reyes Garrido. Fue jefe de la división de ferrocarriles de Barcelona y autor del trazado de las líneas del metro transversal.

Fernando Reyes era un hombre curioso, trabajador, con una cabeza muy bien amueblada de la que salieron brillantes ideas, padre de familia numerosa, polifacético, ingeniero jefe de enlaces ferroviarios, cultivador de cactus y examinador de conductores de automóviles.

Diseñó, para Barcelona, el trazado del que sería el Ferrocarril Metropolitano Transversal, que se corresponde con la parte inicial de la actual línea 1 del metro de esta ciudad; cuentan que, en el jardín de su casa, cultivaba cactus elaborando él mismo un insólito abono compuesto por conchas de moluscos tostadas y trituradas.

Como ingeniero de Industria que era, adscrito a la Jefatura de Barcelona, examinaba a los aspirantes al permiso de conducir allá por los años veinte y treinta. Hay quien afirma que hasta daba clases de conducir. 

Aspirantes al permiso  se desplazaban un día por semana hacia la parte alta de la ciudad hasta el barrio del Putxet. Iban hasta allí  para hacer prácticas y ser examinados por Fernando Reyes a la sazón funcionario examinador de la Jefatura de Industria de Barcelona. Conducía un Hispano-Suiza de 16 HP, modelo torpedo y  con matrícula  B-12345

Murió en 1937 en plena contienda civil, pero, por paradojas de la vida, no murió por los disparos o bombardeos de la gente que tomó parte en aquella contienda fratricida, sino por las heridas que un muchacho le produjo cuando quiso robarle en una solitaria calle de la parte alta de la Ciudad Condal, cerca de su domicilio.

Al entierro del señor reyes asistió el ministro de Comunicaciones, Transporte y Obras públicas señor Ginér de los Rios al que acompañaban el  subsecretario de Transportes, señor Torres Campaña y el director de Ferrocarriles.

Cerca de la Avenida Meridiana de Barcelona hay una plaza con una placa en recuerdo suyo. 

¡Un gran hombre este Fernando Reyes Garrido!

lunes, 23 de noviembre de 2015

EL PRIMER COCHE SIN CONDUCTOR EN ESPAÑA

Fuente: cincodias.com

HOY VIAJARÁ DE VIGO A MADRID EL PRIMER COCHE SIN CONDUCTOR EN ESPAÑA
Peugeot - Citroën serán los primeros en aprovechar el nuevo marco legal para coches autónomos en España aprobado recientemente por la Dirección General de Tráfico. Según han informado, este fin de semana recibieron la aprobación para llevar a cabo, durante el día de hoy, la ruta que une sus fábricas de Vigo y Madrid. Lo harán, como marca la normativa vigente, con un coche de conducción autónoma en el que irá un 'conductor de emergencia' en el puesto de conducción. 

El segundo “gran viaje” del coche autónomo de Peugeot – Citroën.

Es un modelo basado en el Citroën C4 Grand Picasso, y es exactamente el mismo que hace sólo un mes recorrió 580 kilómetros en un recorrido de París a Burdeos. España, por lo tanto, se convierte así en el segundo punto de pruebas para el Grupo PSA, que esta vez aumenta el recorrido hasta los 599 kilómetros, y se llevará a cabo por autopistas y autovías.

El primer coche autónomo que se prueba en carreteras de España.

El Grupo PSA, de esta forma, se convierte en la primera firma en probar un coche autónomo en España tras el cambio en la normativa por parte de la Dirección General de Tráfico. Como adelantábamos, la prueba se llevará a cabo durante el día de hoy, y se espera que en las próximas semanas Peugeot - Citroën ofrezca detalles sobre este recorrido por carreteras españolas.

España será el núcleo de pruebas para coches autónomos.

Tras el cambio en la normativa, que hace apenas unos días era aprobado por la Dirección General de Tráfico, España se ha convertido en el quinto país en permitir la libre circulación de coches autónomos. Evidentemente, se permite previa aprobación de la propia DGT y siempre con el requisito de un 'conductor de emergencia' que pueda tomar los mandos en cualquier momento, así como tomar responsabilidad de cualquier situación posible.



lunes, 16 de noviembre de 2015

EL PERMISO DE CONDUCIR EN ESPAÑA (IV)

El permiso de conducir en el  Código de Circulación de 1934.

El permiso de conducir nace de la necesidad de comprobar que el conductor  posee los requisitos, aptitudes y conocimientos mínimos necesarios para guiar un automóvil por cualquier vía pública; constituye uno de los aspectos más importantes de la dimensión jurídica del tráfico por vías terrestres.

En las sociedades modernas, la circulación de vehículos de motor sería imposible de no existir la figura del permiso de conducir que  lejos de ser un escollo o freno es un instrumento al servicio de la convivencia y la libertad, y uno de los aspectos esenciales de la política de los poderes públicos en materia de movilidad. La obligación de obtener un permiso para conducir automóviles queda justificada, sin lugar a dudas, por la misma necesidad que hay de hacer posible el derecho a circular con seguridad.

La importancia del permiso de conducción, decisiva  en el fenómeno del tráfico,  ya se percibe de forma notoria  en la extensa y detallada regulación que le dedica el Código de la Circulación de 25 de septiembre de 1934. Su importancia y su necesidad  también se hace notar en  el Derecho Internacional y, más recientemente, en el Derecho Comunitario.

El capitulo XVI del citado código — del artículo 261 al 282 — lo dedica integro al permiso de conducción. Tras disponer, en el artículo 261, la prohibición de conducir vehículos automóviles por las vías públicas de España y territorios de la Soberanía a toda persona que no posea un permiso de conducir expedido por una Jefatura de Obras Públicas, mediante propuesta de la Jefatura de Industria, regula detalladamente su petición,  la documentación que ha de adjuntarse —artículos 263 a 266 —, la tramitación del expediente ante las Jefaturas de Obras públicas, que son las competentes para su otorgamiento, los ejercicios a realizar durante el examen — artículo 269 y siguientes —, las condiciones psicofísicas que debe poseer todo aspirante, los registros de los permisos, su retirada, etc.,etc.

Establece cuatro clases de permisos:


De Tercera clase: sólo autoriza la conducción de automóviles de la primera categoría, o lo que es igual, motocicletas y, en general, vehículos de dos o tres ruedas dotados de motor auxiliar o permanente.


De segunda: sólo autoriza la conducción de automóviles de primera y segunda categorías, y éstos con remolque, cuyo peso en vacío no exceda de 250 kilogramos, destinados al servicio particular, es decir, de titulares que no explotan con dichos vehículos una industria de transportes de personas o cosas; no se consideran a este efecto, automóviles de servicio particular los que están al servicio de hoteles, casinos, colegios o entidades análogas, y tampoco los destinados al servicio oficial, ya correspondan al Estado, Región, Provincia o Municipio.



-     De Primera clase: autoriza a conducir toda clase de automóviles de carga y de viajeros, cuyo número de asientos no exceda de nueve, pudiendo arrastrar un remolque cuyo peso, en vacío, no exceda de 250 kilogramos.

-     De Primera clase especial: éste autoriza la conducción de autobuses y camiones con remolque de cualquier peso.


La expedición de estos permisos debía solicitarse en la Jefatura de Obras Públicas de la provincia en que estuviera  avecindado el interesado; se utilizaba para ello un impreso gratuito y normalizado que facilitaba la propia Jefatura de Obras Públicas correspondiente. Esta instancia constaba de dos partes separadas por una perforación central, sobre la cual se adhiere una póliza de 1,50 pesetas colocada de manera tal que la mitad de ésta aparezca en cada una de dichas partes.




La parte derecha del impreso, como se puede comprobar, es para solicitar de la Jefatura de  Industria la realización de los ejercicios reglamentarios para que el ingeniero de turno pueda comprobar que el solicitante reúne las condiciones de aptitud necesarias para conducir automóviles de la categoría correspondiente.

El artículo 269 estaba dedicado a los citados ejercicios. Para obtener el permiso de conducir de segunda clase se exigía al solicitante:
1.- Demostración de saber leer y escribir.
2.- Demostración de que conoce la parte del Código de la Circulación que especialmente le interesa al conductor, así como las señales que la regulan.
3.- Demostración de que conoce el manejo de automóviles de la segunda categoría, ejecutando las maniobras fundamentales que siguen: Marchas hacia atrás, en línea recta y siguiendo trayectorias curvas: ídem aproximando el vehículo al borde de la acera y separándole de ésta sin que suba sobre ella. Salida y entrada en dos calles situadas perpendicularmente, siguiendo el eje de cada una de ellas. Hará volver el automóvil en una calle estrecha que, para realizar esa maniobra, obligue a marchar hacia atrás al automóvil. Parada de éste en una pendiente y puesto en marcha en rampa. Empleo suave y correcto, sin sacudidas bruscas del embrague y uso adecuado de los frenos.

Para el permiso de tercera clase se exigía el apartado 1 y 2, y un tercer ejercicio con la motocicleta, sin cochecillo lateral, y sin apoyar un pie en el suelo que consistía en hacer curvas cerradas de corto radio, entre limites que se fijarán en cada caso, y las demás pruebas de conducción que el ingeniero examinador entienda pertinentes.

Para la obtención del Permiso de Conducción de Primera clase, los aspirantes realizaban los ejercicios de los apartados 1 y 2, citados anteriormente, y además los siguientes:

-     Demostración teórica y práctica de que conoce el funcionamiento y construcción de los principales órganos, mecanismos y piezas de que se compone un automóvil, las averías más frecuentes en estos vehículos y cómo se reparan éstas.
-     Montaje y desmontado de la pieza o piezas que el Ingeniero señale.
-     Reparaciones susceptibles de ser fácilmente efectuadas en carretera.
-      Ejercicios de conducción con camión pesado (cargando en el caso de que el Ingeniero lo estime conveniente), realizando las maniobras reseñadas anteriormente para los aspirantes al permiso de segunda clase  y , además, conducción a velocidad que no sea inferior a la de sesenta kilómetros por hora en un recorrido de tres kilómetros.

 Si el resultado de los ejercicios era desfavorable, por desconocimiento de las reglas de circulación y señales establecidas por el presente Código, el aspirante podía repetir nuevos ejercicios sobre estos temas, dos veces más, siempre que entre dos ejercicios medie un espacio de tiempo que no será inferior a ocho días; si el resultado del tercer ejercicio era aún desfavorable, no podía el interesado realizar otro nuevo ejercicio sobre esa materia hasta que hayan transcurrido treinta días, contados desde la fecha del último ejercicio realizado; y si el resultado era nuevamente desfavorable el ejercicio subsiguiente no podía efectuarse hasta que transcurran veinte días; y si tampoco fuere favorable su resultado, podría repetirlo después de que hubieran transcurrido veinte días más, pero, en este caso, está obligado a abonar nuevos honorarios, que darán derecho a dos exámenes más.

Para la obtención del Permiso Especial era necesario una autorización de la Jefatura de Industria en la que hacía constar por medio de un sello estampado con tinta roja en la penúltima página del Permiso de Conducción de Primera clase del solicitante.
 Para obtenerlo era necesario:
-     Demostrar, mediante la realización de los oportunos ejercicios, su conocimiento de la conducción de autobuses o de camiones con remolque de más de 250 kilogramos.
-     Certificado de haber conducido automóviles durante más de un año, así como también que, en la fecha en que formula su petición, no lleva más de seis meses sin ejercer el oficio.

Estos certificados pueden sustituirse por uno de la entidad o persona que ejerza la industria de transportes, y a cuyo servicio entre, de que ha hecho en ella las prácticas correspondientes, durante un período de tiempo no inferior a un mes.
La petición correspondiente se hace a la Jefatura de Industria del lugar donde resida el interesado, en instancia debidamente reintegrada y abonando 10 pesetas de derechos.
La Jefatura le señalará la fecha en que ha de realizar el ejercicio, que no será después de las sesenta y dos horas de haberlo solicitado. 
Si la primera prueba no fuese favorable, la repetirá pasados veinte días. Si volviese a ser desfavorable, tendrá que abonar nuevos derechos para realizar nuevos ejercicios.

En cuanto a la tramitación del expediente para cualquier permiso se procedía de la siguiente forma:
a)  Se presentaba en la Jefatura de Obras Publicas de la provincia del interesado. Una vez en su poder y, en todo caso, dentro de un plazo de veinticuatro horas, ésta dictaminará sobre la aceptación del mismo y, si lo encuentra conforme, lo remite a la de Industria correspondiente, para que ésta someta al interesado a los ejercicios correspondientes.
b)  La Jefatura de Industria, al recibir el expediente, entrega al interesado un volante en el que, por escrito y siguiendo riguroso orden de presentación, fijará la fecha y lugar en que el solicitante debe efectuar los ejercicios correspondientes.

Las tasas que se pagaban correspondían unas a Industria y otras a Obras Públicas. A industria, por realización de exámenes y a Obras Públicas por tramitación y expedición del permiso.
A la Jefatura de Industria, por la realización del examen de aptitud 10 pesetas para el permiso de tercera y 18.75 para los permisos de segunda o de tercera; para el examen particular para la concesión del permiso de primera especial, 10 pesetas.

A la Jefatura de Obras públicas se había de abonar, para la expedición de los permisos, tres pesetas por libreta y formación del expediente, y, además, entregar la póliza con que éste iba reintegrado.