martes, 6 de febrero de 2018

PRÓXIMOS CAMBIOS PARA OBTENER EL PERMISO DE CONDUCIR

De los periódicos

Texto publicado en: www.ideal.es
Los 5 grandes cambios que habrá para sacarse el carnet de conducir en 2018
Estas son las modificaciones que va a introducir la DGT para quien quiera sacarse el carnet
Este 2018 está cargado de cambios en lo que respecta a la carretera. Por un lado están las modificaciones al volante que nos esperan, algunas de las cuales, como las novedades en la ITV, ya han entrado en vigor: es el caso de la revisión de los neumáticos. Por otra parte, vamos a asistir a la reforma del procedimiento para obtener eel carnet de conducir, anunciada a principios de año.
Así lo indicó Gregorio Serrano, director de la DGT: "Es evidente que hay que cambiar la manera de examinar, hay que introducir nuevo material, como vídeos, donde haya situaciones reales de tráfico y no sólo contestar ‘a , b y c’ en un test".

Entre los cambios del carnet de conducir destacan los siguientes:
1. Los aspirantes no pueden someterse a él sin haber acudido antes a clases en la autoescuela. El objetivo es evitar "la avalancha de alumnos sin preparar que se presentan actualmente y que están colapsando las jefaturas".
2. Se introducirá nuevo material, incluidos vídeos.
3. Se incorporarán nuevas materias.
4. Se activará la conducción con sistemas de ayuda como los navegadores.
5. Se ofrecerá al aspirante un curso previo de concienciación sobre los riesgos al volante.


lunes, 5 de febrero de 2018

EL AUTOMÓVIL, EL AUTOMOVILISTA Y SUS CONSECUENCIAS…

“Diccionario humorístico del automóvil”
(III)
JEFATURA DE TRÁFICO Y EXAMEN 

Aquellos exámenes de conducir…según el autor de aquel Diccionario humorístico del automóvil.

Para solaz, distracción y, si es posible, esparcimiento y regocijo de ambos colectivos, el de autoescuelas y el de examinadores que tan mal lo vienen pasando últimamente, traemos, de nuevo, dos comentarios más (los dos primeros los publiqué en febrero y marzo respectivamente del pasado  año) de la obra de Francisco Balagué Solá,  “el automóvil, el automovilista y sus consecuencias…”

El libro, como ya señalé, se publicó en 1968 (Editorial M. Casals, Barcelona). Precisamente este fue el año en el que los exámenes de conducir pasaron a ser competencia de la Jefatura Central de Tráfico.


Los funcionarios seleccionados para examinar a los aspirantes al permiso de conducir habían pasado por la Escuela de Automovilismo de Getafe para recibir la pertinente formación. Esta escuela era (supongo que sigue siendo) un centro militar. Se dio la paradoja de que no todos los funcionarios seleccionados para asistir al curso eran titulares de permisos de conducir. 


En aquellos años, si no tenías el permiso de conducir y un SEAT 600 no eras nadie…y todos los españoles querían ser alguien. Aprendían a conducir y se compraban a plazos un SEAT 600 que era el automóvil más asequible a sus economías. Pero antes de la adquisición estampaban su firma en aquellos documentos conocidos como  “letra de cambio”, aceptando la cantidad y la fecha de vencimiento. Esta filosofía de comprar y vender a plazos beneficiaba al tejido productivo, en especial a los fabricantes de automóviles, a sus concesionarios, a los talleres mecánicos, a las estaciones de servicio y, cómo no, a las Autoescuelas.


Próximas las fechas en las que la Jefatura Central de Tráfico se haría cargo de la realización de las exámenes de conducir y, quizá debido a ello, se abrió un debate en una parte de la prensa, en los profesionales y en una parte de la sociedad, sobre todo si en su entorno había algún aspirante a obtener un permiso de conducir en fechas próximas.

Se polemizaba sobre la enseñanza en las Academias de Conductores, las exigencias en los exámenes, el nivel de capacitación de aquellos  “instructores”, el coste de sacarse un carnet de conducir, etc. De siempre han sido temas manidos y recurrentes.

Durante toda la década de los sesenta hubo una estampida de ciudadanos hacia los concesionarios de coches y también  hacia las autoescuelas porque todos querían alcanzar aquel  estatus social que permitía desplazarse conduciendo un coche. El automóvil empezaba a convertirse en un símbolo de una libertad  ilusoria de una  nueva sociedad capitalista —me desplazo a donde quiero, con quien quiero y cuando quiero — sin pensar en los atascos que este fenómeno empezaba a generar.



Los funcionarios examinadores destinados en Barcelona iniciaron su  nueva tarea en la montaña de Montjuic el 1 de febrero de 1968. El libro se publicó en los primeros días de este mismo año. Por este y otros motivos que aparecen en su redactado, cabe pensar que los comentarios y descripciones de su autor sobre los exámenes hacen referencia a los realizados cuando todavía dependían de la Dirección General de Industria. Aunque no diferían mucho de aquellos primeros que realizaban los funcionarios de las Jefaturas Provinciales de Tráfico.

Así describía Francisco Balagué Solá  las JEFATURAS DE TRÁFICO DEL MOMENTO:


Organismo creado para la simplificación de los varios trámites que antes hacían de la matriculación de los vehículos una especie de novelas por entrega, lo que se realiza ahora en unas horas.

Igualmente se ocupan de la vigilancia, encauzamiento y coordinación del tráfico contribuyendo con sus normas, consejos y asesoramiento a hacer posible lo que prácticamente no lo es: que se pueda circular por nuestras carreteras costeras en días festivos del verano.

Suponemos que las Jefaturas de Tráfico demostrarán igualmente su eficiencia en la labor que ahora se les encomienda sobre exámenes de conductores, problema acuciante cuya solución adecuada es preciso y urgente hallar, ante las, cada día, mayores dificultades que la circulación motorizada representa.

Y esto otro decía del que , más en concreto, se realizaba en la Montaña de Montjuic de Barcelona: 







Aunque a simple vista parezca que ya todos tienen permiso de conducir la realidad es bien diferente y de ello se congratulan las Auto-Escuelas. Son legión los que aspiran a esa preciada cartulina que faculta para manejar coches, por habérseles despertado tarde la comezón de conducir o bien por no haber adquirido el desarrollo necesario para comprar coche hasta ahora. Y también son muchísimos los que acaban de cumplir los 18 años.


¿En qué consiste el examen de conducción? Trasladémonos al Estadio de Montjuich para constatarlo de visu. A las 8,30 ante la puerta «R», más de un centenar de alumnos esperan. Es el primer turno y hay tres, normalmente. Se les pasa lista y entran en un local para sufrir el examen de teoría. Se les entrega un formulario y tienen que contestar «Si» o «No» a unas preguntas relativas al Código, aclarar un par de gráficos sobre prioridad de paso y designar debidamente unos «discos» sobre señales.

 La contestación a base del «Si» o el «No» presupone que cada alumno tiene el 50 % del problema resuelto a base del azar. Recalquemos, sin embargo, que los alumnos, en su mayor parte, saben lo que tienen que responder ya que en las Auto-Escuelas les han hecho repetir cien veces formularios parecidos. No entienden las preguntas, pero distinguen cuando hay que decir «si» y cuando «no».

Una hora después del examen de teoría les entregan la calificación que sea positiva o negativa les facilita el paso al examen práctico. Y los aspirantes se sientan frente al volante del coche en que han efectuado sus pruebas de aprendizaje y comienza la tortura.




Un guardia urbano mira sus papeles y su documento de Identidad, para comprobar que el que se examina es el alumno y no su tío de Badajoz que podría ser un experto. Y da la orden de partida. El futuro chófer intenta colocar la primera, lo que así, de primera intención no siempre logra por causa de los nervios, pero si consigue hacer mucho ruído. El guardia, cachazuda y campechanamente le indica que resulta conveniente apretar el embrague. Otras veces, pese a no desembragar, el golpe propinado a la palanca de cambio es tan brutal que la marcha entra y el coche arranca, dando un gran salto, como canguro retozón.

Tipo canguro o tipo carro, el coche avanza en primera velocidad y acomete la prueba primera: pasar en zig-zag entre tres palos situados a distancia suficiente para que entre ellos pudiera pasar un camión articulado. Pese a ello, alguno de los forzados, quizás soñando en su futura participación en Le Mans, aceleran. Una valla metálica les saca de sus sueños prematuros. El coche, más o menos abollado, es retirado por el instructor y el alumno del examen, por el guardia.

Los que consiguen vencer la tentación de apretar el acelerador siguen la prueba. Una vez superados los tres palos, han de cambiar a segunda. Los hay tan tacaños que no quieren cambiar nada (seguramente pensando que con los cambios se suele perder) y siguen adelante, conteniendo la marcha del coche a medio embrague y haciendo polvo el disco de ídem. Pero es lo que ellos piensan: con lo que les cobran por las prácticas ya les quedará algo a los de las Auto-Escuelas para discos de esos.

Como lo reglamentario es efectuar el cambio dicho; de tarde en tarde se asoma un examinador y a los que pesca en primera, están fritos. Se les invita a volver dentro de tres semanas, para que tengan tiempo suficiente para meditar sobre las ventajas de cambiar a segunda. Los que lo hacen o no son pescados, continúan hasta una rampa donde han de parar para arrancar nuevamente. Allí es el crujir de dientes y, a veces, de metales, cuando el coche se va hacia atrás y no para hasta darse con el que seguía. La rampa no supone más allá de un 5 %, pero ya es broma eso de tener que coordinar embrague, acelerador y freno de mano...



Sin embargo, los más logran vencer tamaño escollo y suben un poco más para cambiar el sentido de marcha del coche en una calle que no tiene más de cinco metros de anchura. También esta nueva dificultad suele ser superada por la mayoría y ya no resta más que la difinitiva: la de encajonar el coche entre dos palos, sin tirarlos, y de forma y modo que el artefacto quede más o menos paralelo al bordillo de fondo y no más distantes, sus ruedas interiores, de 25 centímetros del mismo.

El aspirante sitúa el coche; hace marcha atrás; gira primero a la derecha y luego a la izquierda, de acuerdo con las referencias señaladas por su probo instructor y con más o menos sudores y con un par de maniobras de corrección, deja el coche aparcado. Y deja de ser aspirante porque se ha convertido en «apto» para conducir.




El aspirante sitúa el coche; hace marcha atrás; gira primero a la derecha y luego a la izquierda, de acuerdo con las referencias señaladas por su probo instructor y con más o menos sudores y con un par de maniobras de corrección, deja el coche aparcado. Y deja de ser aspirante porque se ha convertido en «apto» para conducir.
  
Después... ¡Depende de tantos factores! Si tiene un poco de precaución y mucho de suerte, después de muchos sustos, va aprendiendo a conducir y llegará un día en que quizás será un experto. Si no tiene precaución ni suerte... ¡La lista de «sucesos» aumenta de día en día!

 Aunque nuestros jóvenes conductores no lo crean, así  aprendimos  a conducir todos los españoles y españolas cuyo  permiso de conducir supera el medio siglo de antigüedad.

¡Qué poco se parecen, afortunadamente, aquellos exámenes a estos de hoy!  




lunes, 29 de enero de 2018

UNA DÉCADA DE LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL EN MATERIA DE SEGURIDAD VIAL

Se han cumplidon 10 años desde que la reforma del Código Penal endureció las penas por delitos contra la seguridad vial

La reforma del Código Penal para concretar los delitos contra la seguridad vial acaba de cumplir diez años. Con ella se han endurecido las penas.

El balance ha sido: 938.000 delitos, 650.000 condenas  y 1.200 personas en prisión.

Las penas pueden ser, en función de la gravedad del delito:  prisión o multa o trabajos en beneficio de la comunidad y, en cualquier caso, la de privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a uno y hasta cuatro años, o seis años dependiendo del delito.




Delitos contra la seguridad vial y régimen de penas









Fuente: Revista de la DGT, “Tráfico y Seguridad Vial”






viernes, 26 de enero de 2018

“OPERACIÓN PELLAS”

Más garbanzos negros en la profesión. ¡Qué pena!

Son la leche poniendo nombres a sus operaciones de investigación. Ya lo dijimos con la operación de Sevilla que la denominaron “automotero”.


De nuevo han hecho acto de presencia para perjudicar a la profesión y a la seguridad vial esos sujetos amorales, faltos de ética y con pocos escrúpulos. Por desgracia los hay en esta y en todas las profesiones. Pero, por suerte, ahí está la Guardia Civil para que su recorrido sea corto y difícil. En esta ocasión han denominado a la investigación “Operación Pellas”. Supongo que por aquello de hacer novillos, algo que suele ocurrir en épocas estudiantiles.
 Estos estudiantes, algo mayorcitos, han hecho “pellas” con la anuencia de su profesor  y del director del centro. Y ambos, supuestamente, han llevado a cabo la realización fraudulenta de varios cursos para la obtención del permiso de clase A que autoriza la conducción de motocicletas de gran cilindrada.
En esta ocasión, la investigación por supuesta falsedad documental en la obtención del permiso de la clase A se ha llevado a cabo en Lugo. La anterior fue en Sevilla.


Publicado en: www.elcongreso.es

 Investigadas siete personas por supuesta falsedad documental en la obtención del carné de motocicletas en Lugo
Los involucrados son un director de autoescuela, un profesor del mismo centro y cinco alumnos de ésta, todos ellos vecinos de A Mariña y Asturias 

La Guardia Civil investiga a siete personas –el director y un profesor de autoescuela y cinco alumnos de ésta– por supuestos delitos de falsedad documental en la obtención del permiso de conducción de motocicletas de gran cilindrada.
Según ha informado el Instituto Armado, la Guardia Civil de Lugo ha finalizado la denominada 'Operación Pellas', en la que se han investigado las actividades de una autoescuela por la supuesta realización fraudulenta de varios cursos para la obtención del permiso de clase A que autoriza la conducción de motocicletas de gran cilindrada.
En el marco de las actuaciones realizadas se procedió a la lectura de derechos como investigados por supuestos delitos de falsedad documental al director y a un profesor de autoescuela, así como a cinco alumnos de ésta.
Los investigados son todos varones de nacionalidad española, con edades comprendidas entre los 25 y los 53 años y vecinos de poblaciones de A Mariña luguesa y Asturias.
RIESGO PARA LA SEGURIDAD VIAL
La investigación se inició ante las sospechas de que se estuviera expidiendo, por parte de alguna autoescuela, certificados de aprovechamiento ficticios, "con el consiguiente riesgo para la seguridad vial que ello supone, tanto para el conductor como para el resto de usuarios", destacan las mismas fuentes.
Desde el 1 de septiembre de 2011 para la obtención del permiso de conducir de la clase 'A', que habilita la conducción de motocicletas de gran cilindrada --potencia superior a 35 kW y una relación potencia/peso de más de 0,2 kW/kg–, es necesario tener un permiso de conducir de la clase 'A2' con una antigüedad mínima de dos años, y superar un curso formación con una duración de nueve horas lectivas, distribuidas en conocimientos teóricos y prácticos impartidos por las autoescuelas.
Finalmente, a través de las investigaciones realizadas por el Grupo GIAT del Subsector de Tráfico de la Guardia Civil de Lugo se pudo constatar que los cursos no se realizaban y se expedían los certificados de aprovechamiento que dan acceso a la obtención del permiso.
"Este tipo de prácticas, aparte de ser una competencia desleal en el sector de las escuelas de conductores, afecta de manera grave a la seguridad vial, ya que habilitan a conducir motocicletas de gran cilindrada y potencia a personas que no han demostrado tener la suficiente pericia, provocando un riesgo elevado de accidentalidad", advierte la Benemérita. 



lunes, 22 de enero de 2018

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA Y LA VELOCIDAD DE LOS AUTOMÓVILES

El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, da un golpe de estado. El gobierno del general Primo de Rivera abre un periodo marcado por la suspensión de las garantías constitucionales.

 Durante la Dictadura se experimenta una cierta mejora económica, se realizan reformas administrativas y se publican dos reglamentos de circulación, uno en 1926 y un segundo en 1928.


Primo de Rivera interpretó la función de la prensa como un verdadero cuarto poder. Su primer objetivo fue  controlarla a través de la censura. En Madrid se crea la Oficina de Infor­mación y Censura. La dirigió en sus inicios el teniente coronel  Pedro Rico Parada. Fue de esta oficina de donde emanó la siguiente nota para ser publicada por la prensa en septiembre de 1927:

“En sus últimos viajes el jefe del Gobierno ha podido comprobar el frecuente riesgo que corren peatones y ciclistas como consecuencia de la excesiva velocidad de los automóviles y de la infracción de las disposiciones que rigen sobre la materia, y vivamente impresionado por ello, tiene el propósito de que una Comisión mixta de composición adecuada a los fines que se desean llenar, redacte un reglamento de carácter general, muy detallado y casuístico en que se determinen con toda claridad y justeza las zonas y circunstancias en relación con las velocidades que puedan desarrollarse para que no resulte, perturbado en forma alguna el tránsito a pie y asimismo con iguales garantías de seguridad para los ciclistas, ya que en !a generalidad de los casos las bicicletas no son artefactos de recreo, sino utilísimas y económicas máquinas con que las personas de modesta posición, particularmente los obreros obligados a vivir en sitios alejados a aquellos donde trabajan, emplean como medio de transporte para poder concurrir a ellos puntualmente y regresar a sus hogares terminada la labor diaria.”

A finales de 1929, Primo de Rivera se siente cansado, abandonado y enfermo. Presenta su dimisión en enero de 1930 y fallece en París en marzo de ese mismo año.

El reglamento al que alude la nota se publica en la Gaceta de Madrid el día 5 de agosto de 1928. Fue presentado al Rey para por Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Se publicó como Reglamento de Circulación Urbana e Interurbana. Este texto fue ya un Código de la Circulación bastante adelantado y completo para aquella época. Contenía 203 artículos agrupados por materias en 16 capítulos, tres anejos,  en el primero de estos había una serie de representaciones gráficas sobre diferentes situaciones de circulación.  Fue un claro antecedente del Código de la Circulación de 1934.



No contemplaba los límites de velocidad genérica y especifica tal y como se aprende en estos últimos años en la autoescuela. Pero sí contemplaba la obligación de reducir la velocidad, incluso a limites concretos, ante posibles peligros ya fueran por la vía y por el tráfico.


Son varios los artículos de este Reglamento que hacen referencia a la velocidad, que, al parecer, tanto preocupaba al Dictador.

El primero de ellos era el artículo 16 que rezaba así:

Se prohíbe conducir vehículos o caballerías de un modo negligente o temerario, o a una velocidad que exceda de la que, como máxima, hayan fijado las Autoridades competentes, para cada lugar o circunstancia.

Se prohíbe, asimismo, entablar luchas de velocidad entre toda clase de vehículos o animales cuando éstos circulen por vías públicas abiertas al tráfico general. (…)

El artículo terminaba diciendo que en las vías públicas urbanizadas o bordeadas de viviendas reducirían la velocidad a la del paso del hombre cuando por exigencias de la circulación los vehículos deban pasar rozando las aceras.

 Mas adelante, eran los artículos que van del 47 al 53 los que regulaban la velocidad.

 En el Artículo 47 de decía:

La velocidad de los vehículos automóviles deberá ser tal que sus conductores puedan cumplir en todo instante, sin incertidumbre y con facilidad, la totalidad de las prescripciones de este Reglamento.

 En el 48 exigía la reducción de la velocidad en una serie de circunstancias, todas de sentido común: curvas sin visibilidad, proximidad de rebaños y recuas de animales (hoy impensable), cruces, estrechamientos, etc.

En el  49 ya se concretaba  el límite con el siguiente redactado:

En las bifurcaciones y en los cruces con otros caminos cuya visibilidad sea prácticamente nula, la velocidad no podrá ser superior a 50 kilómetros por hora cien metros antes de dichos lugares, debiéndose reducir en dicha distancia hasta llegar a 15 kilómetros por hora, que será su valor máximo en el acto mismo de llegar al cruce o a la
bifurcación.

En los artículos 50 y 51 también se limitaba la velocidad a 50 kilómetros por hora  desde 100 metros antes de llegar a un cambio de rasante que oculte rápidamente la continuidad de la carretera o de una curva en la que la visibilidad no sea completa. Y se añadía que en los “trozos” de carretera de curvas y contracurvas frecuentes y próximas la velocidad no pasará de 40 kilómetros por hora

Y por último el articulo 53 con un redactado curioso donde los haya:

Aun cuando la totalidad de las circunstancias del tráfico, del camino, de la visibilidad y del propio vehículo sea completamente favorable, la velocidad de los automóviles no excederá de aquella que, con toda seguridad, permita la parada en un espacio de tantas veces diez metros como número de caballo de vapor figuren en el correspondiente permiso de circulación, sin que pueda exceder aquel espacio de 150 metros. Estos límites de la longitud de la parada serán los mismos para toda clase de rampas y pendientes.

Y así contemporizaron los conductores de aquel final de década hasta la aparición del Código de Circulación de 1934




miércoles, 17 de enero de 2018

A PROPOSITO DE LA NEVADA: REPARTIENDO CULPAS Y EL CASO ALEMAN

El caos ocasionado en algunas carreteras por las primeras nevadas del año, con más de 3.000 coches bloqueados desde el sábado, familias paralizadas hasta 18 horas sin auxilio, escasísimos albergues o lugares donde pasar las horas de mayor frío con algo de abrigo, calor y alimento, han dibujado una fotografía de escasa capacidad pública ante una emergencia tan previsible como la caída de nieve en enero. Así empezaba, días pasados, una Editorial del País.

A toro pasado, es fácil buscar culpables y responsables de cualquier acontecimiento. Aunque se viertan ríos de tinta y se escriba lo que se escriba ni estarán todos los que son, ni todos les señalados lo serán. Pero no conviene quedarse callado.



Por aquello de “quitarse las pulgas de encima”, algunos  disparan sin puntería y, diría más, sin apuntar, pero la perdigonada llega a los menos culpables, aunque también tengan su parte de culpa. Me refiero a los que se echaron a la carretera, que algunos los hubo, sin la más mínima previsión y pensando que si pagas un peaje tienes el derecho a llegar a tu domicilio sin problema alguno. Quizá deba de ser así, pero no lo es  y, por desgracia, no fue así y ocurrió lo que todos hemos conocido.

Al más puro estilo del “yo no fui, fue Pepito”, los responsables de una pésima gestión han querido  cargar el muerto a los otros, entre ellos a los menos culpables, los conductores. Esto es frecuente entre nuestros políticos. Ellos a lo suyo, que es cobrar religiosamente a final de mes y labrarse una jubilación de ensueño.

Ningún cargo quiere ser el responsable, “todos se echan la bolita”, como dicen en Méjico. Ninguno asume la responsabilidad y se señalan unos a otros. El director de la DGT ha llegado a culpar a los conductores aunque después ha hecho un amago de arrepentimiento matizando las palabras en las que señalaba a los conductores como principales culpables: “Entre las muchas causas del colapso, señalé que, quizá, también fue culpa de la avalancha de conductores; pero nunca como única causa”. Ya lo apuntó Quevedo en el Buscón  hace un motón de años: hay cosas que, aunque sean verdad, no se han de decir. Y menos por un cargo público nombrado por el dedo amigo.

Es lo que hay…hasta hasta la próxima nevada.


Pero las cosas se pueden hacer mejor y un ejemplo de ello es Alemania. Así nos lo cuentan en  el siguiente artículo del  ABC.


  
De los periódicos
Publicado en: http://www.abc.es

El caso alemán: 9 millones de kilómetros limpios de nieve
El invierno pasado se emplearon solo en Baviera 350.000 toneladas de sal
La nieve pertenece al paisaje alemán de invierno y garantizar el funcionamiento de todos los servicios a pesar de las nevadas requiere de un sector expresamente dedicado a ello. En Baviera, una de las regiones más afectadas, el Winterdienst –servicio de invierno– emplea a 3.100 personas y el invierno pasado limpió de nieve nueve millones de kilómetros de calles y carreteras, el equivalente a doce viajes a la luna de ida y vuelta.

A los 600 vehículos quitanieve de titularidad pública en la región, se sumaron otros 650 de empresas de apoyo subcontratadas. El invierno pasado, que no fue especialmente profuso en precipitaciones, la operación conjunta costó unos 90 millones de euros y necesitó de 350.000 toneladas de sal por un precio total de 23 millones de euros.

Otros 16 millones fueron a parar al alquiler de vehículos. El Ministerio de Interior de Múnich calcula que un día entero, 24 horas de los efectivos quitanieve a pleno rendimiento, cuesta a las arcas estatales unos dos millones de euros.
Hay trabajadores a tiempo completo, pero la mayoría trabajan como yo», explica Ulrich, un estudiante universitario muniqués que se emplea en las aulas con la química de la cerveza y que se gana la vida mientras tanto como empleado a tiempo parcial manejando una máquina quitanieve.
«Durante los meses de invierno, cobro un fijo mensual de 550 euros por estar disponible. Pueden llamarme a cualquier hora del día o de la noche y estoy obligado a acudir de inmediato. A partir del primer minuto que subo a la máquina, cobro diez euros adicionales por hora».
Este invierno, la gran sensación han sido los vehículos quitanieve de conducción autónoma, Mercedes-Benz Arocs 2045 AS. De momento actúan solo en pistas de aeropuertos, pero es muy posible que en el futuro Ulrich se quede sin trabajo.

Fuera del presupuesto

El personal fijo se ocupa, además, del mantenimiento y el suministro. La sal es comprada y almacenada durante el verano para lograr precios más competitivos. Solo en Baviera hay seis depósitos estatales situados estratégicamente para surtir a las 93 autopistas y calles centrales, aproximadamente 25.000 kilómetros de vías en el menor tiempo posible y a pesar de las nevadas. Las centrales locales van pidiendo suministro de sal según su necesidad gracias a un programa informático y el servicio funciona las 24 horas del día.
El resto de la red de caminos federales y estatales, vías de menos tráfico, recibe el servicio a partir de las 6 de la mañana y hasta las 22:00 horas.
Las aceras de las calles, sin embargo, y esto es así también en el resto del país, no dependen del presupuesto estatal, sino que cada edificio es responsable de la acera que pasa delante de su fachada y de la limpieza de nieve de su tejado, asunto importante porque la caída de nieve desde el tejado a la acera de peatones puede dar lugar a peligrosos accidentes.
Cada edificio debe contratar personal o empresas que retiren completamente la nieve y lo usual es que también contrate un seguro por accidentes que cubra nieve y hielo, de forma que si un viandante se rompe la pierna resbalando ante la puerta, sea el seguro del edificio el que pague el tratamiento médico. El seguro médico del afectado no está obligado en este caso a cubrirlo.

sábado, 13 de enero de 2018

UNA VISIÓN PARTICULAR DE LA SITUACION ACTUAL DE LAS AUTOESCUELAS

Por Rafael Mas Pascual

Creo que deberíamos reflexionar todos y exponer ideas para que nuestra profesión despierte. Y podamos trabajar en aquello que nos gusta, formar buenos conductores/as, pero es vital que al final de mes tengamos, también, una recompensa económica.

Haciendo un poco de historia podemos recordar que al aumentar el IVA el 3% en el año 2012, (del 18% al 21%)  ya hicimos la primera insensatez, absorviendo el 3% con cargo a nuestras empresas.

A partir de aquí todo nos ha ido en contra. Primero, manteniendo las mismas tarifas, año tras año, incluso aplicando tarifas inferiores a años anteriores.
No se trata de unificar precios. Cada cual es libre de aplicar las tarifas que considere más competitivas, pero lodos somos también libres de aplicar nuestras propias ofertas, que pueden o no ser iguales que las de la competencia e incluso más económicas.

Los precios “low cost”  nos llevan a la miseria y al cierre. En consecuencia, en el 2018 deberíamos aplicar un aumento razonable, equivalente a la suma del IPC de los  últimos años (10% ?, según los casos).

Si algún economista hiciera un estudio sobre la rentabilidad de nuestras empresas, simplemente diría, ¿cómo es posible que aún subsistan?

Si bien un problema importante para la Profesión es la falta de examinadores, el problema número uno que tenemos es la aplicación de unas tarifas incomprensiblemente deficitarias. Y este sólo depende de la Profesión.

Y para que esta cuestión se pueda solucionar debemos exigir y comprometernos para que los futuros conductores/as asistan obligatoriamente a un mínimo de clases teóricas para que aprendan y comprendan lo que significa haberse preparado para ser un conductor/a responsable y seguro.


De esta manera, si una vez educados no cumplen con lo que habrán aprendido, entonces será el momento para Reeducarlos.



Comentario del autor del blog

Gran parte de los lectores de este blog ya conocen que Rafael Mas fue presidente de la Federación de Autoescuelas de Barcelona (FAB) (1984-2000) y  cofundador y presidente de la Federació d’Autoescoles de Catalunya (FAC)  durante el mismo periodo de tiempo.

También fue cofundador de CNAE, y vicepresidente de la misma durante varios años. Cuando dejó todo los susodichos cargos le nombraron, con la aprobación  unánime de sendas Asambleas, presidente de honor  de FAC (Federacion d’Autoescoles de Catalunya) y de CNAE (Confederacion Nacional de Autoescuelas). Cargos honoríficos a los que renunció por motivos que él mismo explicó en aquel artículo suyo que publicamos en febrero de 2016 con el título,  “De mi paso por la FAB”.

Con relación a los motivos de la renuncia a la presidencia de honor de ambas entidades y dado que en la Juntas Directivas de estas organizaciones se practica también política, aunque sea política con minúscula, les recuerdo algunas frases célebre de políticos.

Giulio Andreotti decía que en política hay amigos íntimos, amigos, enemigos, enemigos acérrimos y compañeros de partido.

Unos años más tarde, el primer canciller alemán, Konrad Adenauer, vino a expresar lo mismo: los enemigos a secas, los enemigos mortales y los compañeros de partido”.

Giulio Andreotti, primer ministro italiano, con su habitual cinismo hizo una particular clasificación de los humanos: “En la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”.

Yo, en el caso de Rafael Más y teniendo en cuenta sus motivos para la renuncia, añadiría a cualquiera de estas categorizaciones otra más: “ex-compañeros de Junta”