miércoles, 11 de mayo de 2016

EN MADRID SE CIRCULA POR LA IZQUIERDA…

Sí, así era en los primeros años de la segunda década del siglo pasado, especialmente al inicio de los felices años veinte. Es cierto que por estos  años, en las calles de Madrid, llevar la mano equivale a circular por la izquierda. 


El tráfico circulatorio es un caos en el centro de la ciudad. Los atropellos se suceden a pesar de lo cual los transeúntes siguen andando por donde les da la gana, y los automóviles, los camiones y las motos continúan su desenfrenada carrera. Esto — decía la prensa — puede convertirse el día menos pensado en una lucha de incalculables consecuencias.

Y tenían razón los de la prensa. Un cronista de “La Correspondencia de España” cuenta en su periódico en relación al caos circulatorio de aquella época de como el conductor de un automóvil que marchaba sin moderación por las Cuatro Calles — hoy La Plaza de Canaletas — y sin seguir la dirección que a los vehículos está marcada estuvo a punto de aplastar a un transeúnte. Éste dándose cuenta de que aquel automóvil se le echaba encima apeló al recurso de sacar un revolver y apuntar al conductor. El recurso fue de una eficacia asombrosa. El conductor, sorprendido por  el comportamiento inesperado de aquel peatón, detuvo su automóvil de manera inmediata. El susodicho y amenazado transeúnte pudo seguir su camino y,  lo que es más importante, continuar en este mundo.



Hasta bien entrado el siglo pasado, el sentido de la circulación por el centro de las ciudades no estaba muy claro para los conductores de los escasos automóviles que circulaban por la calles. Su rápido aumento, cada vez mayor en las calles de cualquier ciudad de España, obligó a las autoridades, aunque no con demasiado éxito, a poner orden en el tráfico vial.

Este, al menos, fue el objetivo del Reglamento de 1918 para la circulación de vehículos con motor mecánico por las vías públicas de España. Su artículo 12 decía:

Los automóviles circularán por las vías públicas, llevando su mano derecha, excepto en los términos municipales de  aquellas ciudades cuyos Ayuntamientos hayan adoptado disposiciones especiales, debiendo en tales casos establecerse a distancias convenientes señales indicadoras de los puntos en que se haya de cambiar de mano.

En las calles de la Villa y Corte se dio aquella excepción hasta el año 1924.




En los inicios de la segunda década del siglo XX, el automovilismo seguía creciendo y con él, y en la misma proporción, el caos circulatorio que tantas molestias ocasionaba a los madrileños.

Desde el año 1854 a 1921 la población pasa, según datos oficiales, de 206.714 habitantes a 671.175: las matriculas, de 146 en 1907 a 9559 en 1921 y la circulación rodada experimenta el incremento indicado en el siguiente gráfico:
AÑOS
VEHICULOS
1854
1859
1908
1920-1921
Carros

1.250
4.138
5.080
Coches
971
1.500
3.749
2.858
Automóviles y motos


715
3.923
Bicicletas


1.310
2.653
Tranvías


530
477
Varios



523
Totales
971
2.750
10.442
15.514
FUENTE: España Automóvil y Aeronáutica, nº 19


Mientras tanto, los regidores municipales se afanaban, con no mucha fortuna, en establecer normas nuevas en unos casos  y  en reforzar otras que venían de antaño con la intención de mejorar del tráfico vial. Mediante un bando de 18 de enero de 1922 se restringe el paso de carros y camiones por las calles del centro a determinadas horas; se  prohíbe que los peatones marchen por la calzada de las calles, debiendo hacerlo por las aceras; se prohíbe en todas las calles de la Villa que los automóviles hagan maniobras de marcha atrás para cambiar de dirección o entrar en los garages cuando la anchura de la vía no permita girar por la longitud del motor, en cuyo caso se retrocederá dando la vuelta a la manzana inmediata; por la calle del Arenal la única dirección será desde la plaza de Isabel II a la Puerta del Sol; por la del Barquillo, desde la calle de Fernando VI a la de Alcalá; por la del Marqués de Cubas, desde la de Alcalá a la Carrera de San Jerónimo. Y así un largo etcétera.




Al poco tiempo la Alcaldía Presidencia hace público un decreto con fecha 4 de marzo de 1922 que entre otras cosas dice:

La Alcaldía Presidencia ha observado los efectos de su bando, fecha 18 de enero último, relativo a la circulación; y visto en la práctica cuales pueden ser las dificultades corregidas y las que aun hayan de corregirse así como habiendo oído a la Unión general de Conductores de Carruajes y similares de Madrid, ha creído necesario añadir algunas disposiciones referentes a vías, cuya circulación también es preciso regular y de las que no se ha tratado en el contenido de dicho bando; pero a los efectos de no dictar otro nuevo y que pudiera haber confusión respecto a las disposiciones de ambos, que no son contradictorias, sino complementarias, cree conveniente dictar las siguientes disposiciones que se darán a conocer por medio de la Prensa en esta nota de carácter oficial.

Al parecer la idea de este Decreto es aclarar el bando anterior. Si en el de enero se citaban las calles donde había que aplicar normas — más de cuarenta —,  en éste de Marzo se citan las mismas y otras tantas más; vamos, aquellos era un galimatías: en la mayoría de casos que se citan las calles es para indicar el sentido de circulación de la misma o para indicar que  no se podía entrar en ella. Asunto innecesario de haber colocado la correspondiente señalización.
El susodicho Decreto la disposición sexta la precisa de la siguiente manera:
 Los vehículos de todas clases marcharan siempre por el lado izquierdo de las calles, y muy especialmente en las calles en que la circulación sea en ambos sentidos, y al pararse lo realizaran sobre este mismo lado, aproximándose en todo lo posible a las aceras. Los vehículos de tracción animal o de marcha lenta procuraran marchar próximos al encintado de las aceras, dejando espacio libre para los que se encuentren parados al lado de ellas, y al contrario para los de marcha más rápida. Los vehículos de tracción animal al circular por las calles de Alcalá, Sevilla, Carrera de San Jerónimo, Príncipe, Mayor, Arenal, Peligros y Puerta del Sol lo harán al paso del trote, exceptuando los carros de transporte.

El problema  de la circulación en las grandes urbes es uno de los más relevantes  y de los que más importan para la seguridad  y tranquilidad de sus habitantes; está bien que la autoridad se ocupe de regular la suya.


Hacia la mitad de la segunda década del siglo pasado la circulación en Madrid había sufrido una transformación muy notable y compleja y como decía un periodista del Sol, el público padeció los efectos de aquella corriente civilizadora, dejándose llevar unas veces y atropellar otras, con un supremo gesto de buen tono.

La Capital del Reino tiene censados 17.731 vehículos de todas clases. El vecino que cada día sale de su casa puede encontrarse, además de los tranvías con muchos de estos vehículos, además de los que venga de fuera de la capital. Esto puede  explicar las dificultades que encuentra el viandante  en su deambular por las calles. Pero tampoco lo tienen fácil los que guian carruajes, si no tienen la necesaria serenidad y habilidad, y hay que convenir que muchos no tienen ni una cosa ni la otra. 

VEHICULOS CENSADOS EN MADRID (AÑO 1924)
Automóviles de lujo
3874
Taxímetros
848
Coches de alquiler
800
Coches de lujo
400
Coches de casino
100
Automóviles de casino
98
Motocicletas de alquiler
92
Motocicletas particulares
303
Autobuses de alquiler
24
Automóviles de línea
44
Camiones
1407
Bicicletas
6200
Carros
3540
Otros
21
Total
17751
Fuente: El Sol.1924

En los primeros días de febrero de 1924, el  Gobierno Civil publica un bando, en el que se dispone que ningún vehículo de tracción mecánica circule por las calles de Madrid a mayor velocidad de veinte kilómetros por hora. Las infracciones serán castigadas con 1.000 pesetas la primera vez, con 2.500 la segunda, y con la retirada del permiso y 5.000 pesetas la tercera. De las multas serán responsables solidaria y mancomunadamente los conductores y los dueños de los automóviles.

Aunque es cierto que en los últimos años el tráfico vial había mejorado bastante y ya no hay aquella  anarquía de vehículos y peatones que existía en años anteriores, no es menos cierto que Madrid es la única ciudad importante de Europa, exceptuando Londres, que viene manteniendo esa incomoda e insegura norma de circular por la izquierda en sus calles, cuando la mayoría de fabricantes situaban el volante a la izquierda.

La controvertida norma causaba serios problemas a los que entraban con sus automóviles en la Ciudad, o salían de ella; al salir del radio urbano habían de circular por la derecha y dentro de ese radio había de hacerlo a mano izquierda.

Tener que circular por la derecha en las carreteras y por la izquierda en las calles  implica un cambio complicado y de difícil adaptación para los choferes. Las distracciones en que pueden incurrir conllevan un probable peligro cuya erradicación tiene fácil solución: unificar la norma, obligando a circular siempre por la derecha.

Así las cosas… y el tráfico vial, cuando el  Gobernador Civil de Madrid, duque de Tetuán, con el fin de poner un poco más de orden en la circulación de la Villa,  firma un bando que modifica la circulación de los vehículos. El mandato que se publicó constaba de trece disposiciones; en la primera se decía:

Desde el 10 de abril próximo venidero todos los vehículos irán por la derecha de las calzadas, tanto en las calles como en las plazas.  

En la noche del día 9 de abril, los numerosos viandantes que transitaban por la Puerta del Sol se vieron sorprendidos por un inusual, ruidoso y gratuito espectáculo. Minutos antes de las doce comenzaron a llegar y a estacionarse en la amplia plaza y en un gran tramo de la calle de Alcalá un considerable número de automóviles de alquiler. Algunos cronistas calcularon que serían, al menos, doscientos vehículos.


En el mismo momento de sonar las doce en el reloj de Gobernación, los conductores  hicieron sonar al unísono las bocinas, de sus automóviles produciendo un ruido ensordecedor, y de cuatro en fondo dieron varias vueltas a la plaza.



Los peatones se detuvieron a contemplar el espectáculo;
el público de los cafés desalojó éstos y se situó en las aceras, y los vecinos de las viviendas de la Puerta del Sol, alarmados primero y regocijados después, se asomaron a los balcones.

La serenata duró unos quince minutos, y a continuación los choferes de se pusieron a circular por la calle de Alcalá llevando ya la derecha, en virtud de lo dispuesto en el bando que acababa de entrar en vigor.






sábado, 7 de mayo de 2016

LAS MUJERES APARCAN MEJOR



Texto Publicado en: ABC Motor-reportajes

Los hombres aparcan peor que las mujeres

El informe anual elaborado por UNESPA desmonta el mito y demuestra que «los varones jóvenes son los más torpes»

Seguro que es una mujer. Una frase recurrente que emplean algunos conductores para referirse a la forma de conducir o estacionar el coche de las mujeres. Y, gracias al informe anual elaborado por la UNESPA (Asociación Empresarial del Seguro) se desmonta el mito.

A pesar de lo común de los prejuicios que cuestionan la habilidad de las mujeres para aparcar, este informe, que se publicará en junio en «Memoria social del seguro 2015» centra el problema en los hombres jóvenes (menores de 28 años y con poca experiencia al volante), «los más torpes y los que se dan golpes más graves contra bolardos y columnas».

Otro dato que se desprende del análisis de UNESPA —que realiza esta evaluación a partir de los partes de daños presentados por los asegurados tras un accidente— es que las mujeres tienden a contratar más pólizas a todo riesgo, que constituyen el 30%, frente al 25% en el caso de los obligatorios o a terceros. «Este hecho se debe a que las conductoras suelen residir y circular por grandes núcleos urbanos, donde es más habitual ampliar las coberturas que en las pequeñas poblaciones», aclara el estudio.

Y, por supuesto, el análisis demuestra que la experiencia juega un papel fundamental a la hora de evitar accidentes. Así, los conductores con una antigüedad del carné menor a dos años tienen mayor probabilidad de siniestrar el vehículo. Concretamente un 26% los hombres y un 15% las mujeres.

sábado, 30 de abril de 2016

AQUELLAS AUTOESCUELAS DEL SIGLO PASADO (VII)

El gasógeno y las autoescuelas en la década de los cuarenta.

Una vez finalizada la guerra civil, llegaron sus consecuencias. El tejido industrial y comercial estaba destrozado y sumido en una gran  penuria y sus efectos afectaron a todos, en especial  a las clases sociales más débiles. Por si fuera poco, en 1939 estalla la segunda guerra mundial y dura hasta 1945. España, aunque no toma parte,  sufre sus consecuencias.


Los campos, después de la contienda fratricida española, han quedado asolados, la industria está casi desaparecida, el parque de automóviles casi inservible y la industria automovilística no sólo se ha parado en seco, sino que tiene un retroceso de casi veinte años.


Los años cuarenta fueron muy duros y difíciles. Los pocos automóviles  que circulaban eran viejos y destartalados. En 1920 se matricularon 12.017 vehículos a motor y finalizando la década, en 1929 se alcanzó la espectacular cifra de 37.049 matriculaciones. Sin embargo, finalizada la guerra, y ya en 1940  fueron matriculados 10.376 vehículos y al año siguiente sólo 4.027. España necesitó catorce años para recobrar el ritmo  de matriculaciones con el que había terminado la década de los veinte. En 1953 ya se llegó hasta 37.049 matriculas.

En los primeros años de la década la gasolina era insuficiente y no se encontraban recambios para poner en marcha la mayoría de automóviles que   habían quedado inservibles durante la contienda civil. 


En los primeros años de la década la gasolina era insuficiente y no se encontraban recambios para poner en marcha la mayoría de automóviles que   habían quedado inservibles durante la contienda civil.



La vida en las ciudades era más difícil que en los pueblos. El desplome de gran parte del tejido industrial, que estaba  localizado en las zonas más urbanas, unido a la destrucción de muchas viviendas y a la escasez de alimentos hacían la vida mucho más dura  en la ciudad que en el campo. No sólo escaseaba el trabajo, sino que faltaban los alimentos más básicos. Así las cosas, mucha gente de la ciudad buscó refugio en las zonas rurales. La modernización que se había iniciado a mediados de los años veinte se retardó tres décadas.

Eran pocas las carreteras locales que estaban  asfaltadas y muchos caminos no eran aptos ni para carros. El transporte local se hacía en caballerías, carros, incluso en bicicleta. Los medios de transporte de los años cuarenta para muchos españoles de las zonas rurales eran casi los mismos que los utilizados algunos siglos antes. 



La circulación de automóviles en carreteras y calles era escasa. Los trabajadores que podían acudían al trabajo en bicicleta y los que no, se desplazaban, como decía mi abuelo, en el “Coche de San Fernando”, unos ratos a pie y otros andando. Aquella fue una década de hambre y de reconstrucción y España se fue recuperando poco a poco.

La falta de gasolina obligó en agosto de 1940 a prohibir la circulación de vehículos de más de 25 CV y como alternativa a la gasolina hubo que adoptar un aparato que se acoplaba a la parte trasera del automóvil y proporcionaba la energía necesaria para mover el motor. La energía se producía mediante una combustión de carbón vegetal, leña en algunos casos o cascaras de frutos secos sobre todo de almendra en aquellas zonas, como Mallorca donde este fruto era abundante. También se llegó a utilizar como combustible los huesos de aceituna especialmente en Andalucía.

El invento recibió el nombre de “gasógeno” y en septiembre de 1940 se publica un decreto de la Presidencia del Gobierno y en su artículo primero se declara de interés nacional,
a los efectos de la Ley de veinticuatro de octubre de de mil novecientos treinta y nueve de protección a las nuevas industrias, la fabricación de gasógenos adaptables a vehículos automóviles y motores fijos siempre que las materias que en ellas se destilen sean de producción nacional y sustituyan como carburante al petróleo y sus derivados.

La misma consideración tendrían las industrias dedicadas a la construcción de aparatos o dispositivos que permitan utilizar, en los motores de explosión, sustitutivos nacionales de cualquier clase de petróleo y sus derivados sin modifica-ción esencial de los referidos motores.

La marca más popular de gasógenos era Gasna, un empresa con centro distribuidor en Madrid y en Barcelona y servicio técnico en todo el territorio.


El artilugio fue instalado, incluso, en los coches oficiales. Los llevaban los taxis, los autocares y los camiones, incluso algún moto. Era frecuente ver a los peatones de las calles más céntricas y estrechas  de las ciudades limpiarse constantemente la nariz para quitarse el picor que les producía la gran humareda que dejaban tras de sí aquellos automóviles movidos por gasógeno.

Para recorrer una distancia de cien kilómetros se empleaban entre cinco o seis horas. Había que parar  cada cincuenta o sesenta kilómetros, bien para echar en el gasógeno un par de saquitos de cáscara de avellana o de almendra o de huesos de aceituna o de carbón menudo de los que se transportaban en la baca del coche o bien para dejarlo enfriar cuando se recalentaba en exceso y amenazaba con reventar. Cuando tenía que subir una pendiente con un desnivel considerable, los ocupantes se bajaban y el conductor los esperaba al llegar al final de la misma.

Ante un panorama como el de aquellos años, podemos imaginar cómo cual sería la situación de las escuelas de chóferes, academias de choferes o auto-escuelas como se las conocía por entonces. Fue necesario que transcurriesen algunos años para que la actividad empresarial recuperase  el ritmo de los años previos a la guerra civil. Algunos han considerado que los cuarenta fue una década perdida.

Industria Española de Gasógenos S.L, una de las múltiples firmas que comercializaba el gasógeno y sus variados combustibles propiciaba la creación de Escuelas de Conductores de gasógeno.



Algunas Escuelas de Chóferes, muy pocas, habían sobrevivido a la guerra civil y empezaron a insertar publicitad en los primeros años de aquella década. Lo hacían en las páginas de “anuncios económicos”  y con poco texto. Según el número de palabras, el precio era mayor o menor y no estaban las cosas para muchos alardes publicitarios.  



En los primeros años de la década ya se empezó a publicar manuales para la preparación de los exámenes de los distintos permisos.




A medida que avanzaba la década, la publicidad iba teniendo algo más de empaque y los anuncios ya aparecían de mayor tamaño.
















domingo, 24 de abril de 2016

AUTOMÓVILES ESPAÑOLES (I)

UN AUTOMÓVIL MALLORQUÍN


En el mes de febrero de 1908 la revista España  Automóvil anuncia el proyecto de disputar este mismo año una gran prueba de automóviles que tendrá lugar hacia el 15 de Septiembre. El circuito, de una longitud de 110 kilómetros, tendría como punto central a Palma y pasaría por ésta, Lluchmajor, Campo, Montuiri, Algaida y sería cubierto cuatro veces.




En este mismo año se estaba construyendo el ferrocarril de de Palma de Mallorca a Sóller, que debía facilitar la comunicacion entre ambas poblaciones, y el periódico el Economiste Françáis publicaba un interesante artículo del vizconde de Montureux, acerca del estado actual y del porvenir de la industria del automóvil; artículo del que hacemos notar algunos de sus párrafos:

  Hoy, en cambio, se dice que hay crisis en el automovilismo: la palabra crisis es un tanto excesiva; hay, en todo caso, como motivo del malestar, un cambio en la categoría de los compradores, habiendo pasado de la del comprador de lujo al práctico y utilitario. El primero compraba por el renombre de la marca y en muchas ocasiones por el renombre de la carrocería; elegía el modelo y lo pagaba sin chistar. El segundo paga bien también, pero discute los precios.

Y el 1 de octubre de 1908 sale de la fábrica Ford de Estados Unidos el primer Ford T.


Desde que en 1900 se había matriculado, por primera vez en España, un automóvil de la firma  Clément, propiedad de Josep Sureda del barrio de Santa Catalina de Palma hasta la fecha de la susodicha competición automovilística se habían matriculado en Mallorca cincuenta y tres automóviles.

Empezaba a surgir toda una serie de nuevos compradores y la afición por el mundo del automóvil empezó a crecer en la isla y no ha parado desde entonces, aunque tendrían que pasar muchas décadas hasta que el automóvil empezara a popularizarse y a socializarse. Pasaron décadas y lo que antaño era una curiosidad o un divertimento hoy es una necesidad y, a veces, un incordio. 

Disfrutar de un automóvil en las primeras décadas del siglo pasado era privativo de gente adinerada; el precio de los más económicos superaba las tres mil quinientas pesetas y el salario medio no superaba las tres pesetas. Sin embargo la gente admiraba aquellos magnifico artefactos.



Los primeros desplazamientos en automóvil por los polvorientos caminos de la isla de la calma se convertían en un auténtico espectáculo para un público circunstancial y entusiasta. Unos disfrutaban del automóvil usándolo  y guiándolo y otros simplemente contemplándolo.

El hecho de que Palma tuviera la primera matricula de un automóvil fue indicativo de la gran afición de los mallorquines al automovilismo desde sus inicios.

Los palmesanos de las dos primeras décadas del siglo pasado empezaban a estar habituados a ver automóviles circulando por las calles de su ciudad. Negocios y nuevas actividades relacionadas con la industria automovilística empezaron a proliferar. 

 El crecimiento de demanda de automóviles en la isla y las dificultades para adquirir vehículos extranjeros fueron  las condiciones necesarias para la creación  de una empresa mallorquina dedicada a la fabricación de automóviles. El 12 de enero de 1920, Rafael de Lacy y Antonio Ribas, asociados al ingeniero Alberto Ouvranrd, crearon LORYC, Lacy Oubrard, Ribas y Compañía.

El origen y la gestación de la empresa cuyo capital inicial es de cincuenta mil pesetas es una iniciativa de carácter individual, que surge financiada y auspiciada por capitales de tres particulares que aportan el cincuenta por ciento del capital y una sociedad dedicada al comercio de importaciones y exportaciones, principalmente de productos agrícolas y de la industria alimenticia, que aportará el otro cincuenta por ciento, erigiéndose en socio comanditario.


Las ventas empezaron a ir bien, y pronto la empresa ya daba trabajo a más de 60 empleados

Podría decirse que los primeros coches construidos eran casi franceses y un poco mallorquines. Eran vehículos EHP construidos bajo licencia francesa, pero pronto se nacionalizó la producción; la carrocería se hacía en Palma y sólo los motores se traían de Francia.

El primer LORYC que circuló por las calles palmesanas fue un modelo torpedo al estilo del Hispano Suiza. Los ciudadanos de Palma pudieron verlo circular por sus calles en noviembre de 1921 con placa de matrícula PM 507. Un coche en plancha de acero y con mecanismo de frenado que sólo actuaba en las ruedas traseras.

La mayor parte de estos coches fueron carrozados en versión deportiva de dos plazas y algunos añadieron una tercera en la cola, aunque también se hicieron algunos chasis largos  con carrocería de cuatro plazas. Cuando finalizó 1921 ya había en el mercado tres modelos de la marca LORYC: un descapotable, una berlina cerrada y una versión de tres asientos convertibles

Los equipados con  motores pequeños podían alcanzar velocidades de 60 y 80 Km/h. A los prototipos destinados a la competición deportiva le incorporaron motores de ocho, diez y doce caballos.

Andrés Vidal era su mecánico probador. Se desplazaba con un Loryc hasta la carretera de Llucmajor y en aquella popular recta llegaba a alcanzar velocidades de hasta 140 km/h. Aquel tramo de carretera junto  con la recta de Son Sardina a Bunyola, eran las pistas de prueba para experimentar la máxima velocidad que se podía alcanzar con aquellos autociclos con aire deportivo.

Los mallorquines de la época y en especial los palmesanos sentían pasión por los autociclos LORYC que se fabricaban en su ciudad. Eran verdaderas obras de artesanía. Llamaba poderosamente la atención la suspensión delantera que mediante una ballesta transversal proporcionaba gran independencia a las ruedas delanteras.

El pintor Eduardo Zelisco, conocedor de aquella pasión por los “Loryc” ha hecho algunas recreaciones imaginativas de algunas de aquellas situaciones como ésta de dos “Loryc” cuando a principios de 1922 se preparaban para tomar parte en alguna competición.



De los LORYC se publicaban cosas como estas:

El LORYC no tiene rival
y es un coche de primera
para ir por carretera
y por dentro de la capital,
con ballestas, es colosal,
su construcción está reforzada,
a conciencia trabajada
y tanto en invierno como en verano
si un auto LORYC tiene
la cosa ya está salvada.

LORYC  es  ya  lo mejor
que en el Mundo se ha construido,
es un coche de provecho
muy digno de alabarlo,
no gasta en  reparación,
poco gasto hace de gasolina,
no  tiene averías cuando camina
y su mérito principal
es porque es regional,
es producción mallorquina.



Las distintas marcas de automóviles de aquellos años tomaban parte en cuantas competiciones se celebraban. Era la manera que tenían de promocionarse y su prestigio quedaba supeditado al éxito o fracaso de sus automóviles.

La primera aparición de los LORYC en competición fue en la IV Vuelta a Cataluña de 1922, con tres coches inscritos que consiguieron dos medallas de oro y una de plata. El tercero es pilotado por Bofill al que le acompaña su mecánico.En un despiste del piloto el coche vuelca, pero de nuevo es puesto en carretera y debido a su sencillo mecanismo son arreglados los desperfectos en hora y media y de nuevo vuelve el LORYC  a emprender la ruta, recuperando, en buena parte, el tiempo perdido. 



En uno de los artículos del Reglamento de esta competición se prohibía a los  concursantes, bajo pena de descalificación, excederse de los límites de velocidad que marcaban las Ordenanzas municipales dentro del término de Barcelona, encareciéndose la mayor cordura al atravesar los pueblos del recorrido de la prueba.


Los éxitos deportivos de los automóviles mallorquines origina una gran admiración y un merecido reconocimiento en los  aficionados al automovilismo hasta el punto que las compras se disparan, se agotan las escasas existencias y los propietarios de la fábrica no pueden atender todos los pedidos. Por otro lado,  las grandes marcas europeas empezaban a introducir en sus fábricas  las cadenas de montaje para la fabricación en serie consiguiendo un aumento de la producción y un abaratamiento de costes. Estas circunstancias condicionaron pronto el fracaso económico y el cierre de la fabrica y el LORYC acabó sus días.

La idea de los impulsores del LORYC no era precisamente fabricar coches deportivos, sino ofrecer un vehículo resistente y robusto a la vez que sencillo y fiable. En los primeros años la idea funciono, los operarios de la fabrica aumentaban por día y la firma decidió asistir en 1922, a la II exposición Internacional del Automóvil de Barcelona, logrando comentarios muy elogiosos. Fueron muchos los asistentes, incluyendo el rey Alfonso XIII, los que se llegaron a interesar por estos coches de fabricación nacional.

Sin embargo esta joven y prometedora firma comenzó a tener serios problemas a partir de liberar de cargas aduaneras los coches importados y multiplicar, en cambio, los aranceles de los componentes. Los costes de fabricación se empezaron a elevar y un Gobierno poco proclive a favorecer la industria automovilística nacional, sino más bien todo lo contrario (los componentes llegaban a estar retenidos en las aduana hasta tres meses) fueron factores decisivos para el cierre de la fábrica.



Se ajustó el precio hasta llegar a las 5.000 pesetas (por debajo de coste), pero un Citroën 5 cv costaba 4.500. LORYC no aguantó mucho y la fábrica se vio abocada al cierre tras haber fabricado casi un centenar de automóviles. La sociedad fue disuelta poco tiempo después.